Un precio demasiado alto

Atlas, Marielita, euro No es lo mismo comprarte un Mercedes que un Panda, lo sé. El que quiera un Mercedes tendrá que estar dispuesto a pagar un precio más elevado, pero no más.

Tenemos que saber qué queremos y qué precio estamos dispuestos a pagar por lo que queremos. Pero sin perder de vista que “cualquier precio” por un coche, por unos zapatos o por una historia de amor es siempre, siempre, un mal negocio.

“Cualquier precio” es, sin excepción, un precio demasiado alto. En alguna parte debe haber un límite. En algún momento hay que poder decir: “Por ahí no paso”, “hasta aquí hemos llegado” o “a esto no estoy dispuesta”. El exceso lo pagaremos a costa de nuestra dignidad, de nuestra autonomía, de nuestras relaciones familiares, de nuestro trabajo, de la consideración de nuestros hijos… A veces, trágicamente, a costa de nuestra vida.

Si alguien nos preguntara, a priori y en teoría, si seríamos capaces de mantener una relación a cualquier precio, todas contestaríamos al unísono un clamoroso ¡no! Sin embargo, si alguien te pregunta si serías capaz de dejar de ponerte falda para evitar que tu novio se pongo de morros o si estarías dispuesta a abandonar los partidos de pádel de los sábados por la mañana con tus amigas para estar a disposición de tu nuevo novio…, entonces, muchas, demasiadas, vacilaríamos. En los detalles pequeños, en las minucias, es donde renunciamos a nosotras mismas y vamos pagando poco a poco ese elevadísimo “cualquier precio” que habíamos jurado no pagar.

En mi consulta o a través de los correos que recibo, me contáis cómo dais consejos estupendos a las amigas; unos consejos que en la vida particular de cada una luego no podéis aplicar. ¿Por qué?

El sano juicio, en cuestiones de amor, se tambalea. En asuntos del corazón, la razón tiene poco que decir. La locura de amor, cualquier locura, suele obedecer a razones que no controlamos conscientemente. Por eso es difícil entender por qué nos cuesta tanto decir ¡basta!

En las próximas semanas, os explicaré algunas de esas razones que nos acechan agazapadas desde el inconsciente, tales como la resistencia que mostramos ante cualquier cambio, la angustia de la separación y la idealización de la pareja.

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