Un lugar que ocupar

Mariela Michelena - psicoanalista - Ocupar un lugarUno de los aprendizajes más difíciles y más importantes de la vida consiste en saber qué lugar hay que ocupar en cada momento. Por ejemplo, un bebé, mientras que es un bebé, ocupa el lugar más importante de la casa y sus horarios se imponen al resto de la familia.

Cuando empieza a crecer debe cambiar de lugar, primero físicamente, ha de salir de la habitación de los padres y ocupar su propia cama y su propia habitación, y luego, tendrá que aprender a obedecer las normas y los horarios que marquen los padres. El padre tiene que ocupar ahora su lugar de padre y de marido, separar el idilio entre la madre y el bebé. La madre seguirá haciendo de madre, pero volverá a hacer de mujer y renunciará al vínculo exclusivo y privilegiado que toma con el bebé, y este empezará a ejercer de niño, será uno más en la familia y, en la mayoría de los casos, será uno menos, el excluido. El crecimiento obliga a todos los Integrantes de la familia a cambiar de lugar. Ahora los padres no están solamente para complacer al pequeño, sino para educarle y enseñarle a convivir. 

Los padres están obligados a ocupar su lugar de adultos, a señalar los límites y a marcar la diferencia entre generaciones. Es la época en la que se impone el «Porque lo digo yo, que soy tu padre», esa frase que tiene ahora tan mala prensa y que tanto ayuda y acompaña a los pequeños porque les permite ocupar únicamente su lugar de niños y no verse abrumados por esa loca pretensión de ocupar toooodoooos los lugares.
Recibo en la consulta a muchos padres desesperados porque no saben cómo enfrentarse a un pequeño monstruito de dos años. Suele suceder que ellos no supieron cambiar a tiempo de lugar, no supieron renunciar a ser los padres de un bebé y a ocuparse del arduo trabajo que supone ser los padres educadores de un niño pequeño. Lo mismo ocurre con el advenimiento de la adolescencia, los padres han de ocupar su lugar de padres no el de amigos ni el de colegas, pero, a la vez han de reconocer que ya no son los padres de un niño al que se puede controlar sino de un ser «en vías de desarrollo»; por tanto, tendrán que respetar el nuevo lugar que ocupa el hijo, que ha dejado de ser un niño y al que habrá que escuchar y cuya intimidad ha de ser tenida en consideración.

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