Entradas

Un precio demasiado alto

Atlas, Marielita, euro No es lo mismo comprarte un Mercedes que un Panda, lo sé. El que quiera un Mercedes tendrá que estar dispuesto a pagar un precio más elevado, pero no más.

Tenemos que saber qué queremos y qué precio estamos dispuestos a pagar por lo que queremos. Pero sin perder de vista que “cualquier precio” por un coche, por unos zapatos o por una historia de amor es siempre, siempre, un mal negocio.

“Cualquier precio” es, sin excepción, un precio demasiado alto. En alguna parte debe haber un límite. En algún momento hay que poder decir: “Por ahí no paso”, “hasta aquí hemos llegado” o “a esto no estoy dispuesta”. El exceso lo pagaremos a costa de nuestra dignidad, de nuestra autonomía, de nuestras relaciones familiares, de nuestro trabajo, de la consideración de nuestros hijos… A veces, trágicamente, a costa de nuestra vida.

Si alguien nos preguntara, a priori y en teoría, si seríamos capaces de mantener una relación a cualquier precio, todas contestaríamos al unísono un clamoroso ¡no! Sin embargo, si alguien te pregunta si serías capaz de dejar de ponerte falda para evitar que tu novio se pongo de morros o si estarías dispuesta a abandonar los partidos de pádel de los sábados por la mañana con tus amigas para estar a disposición de tu nuevo novio…, entonces, muchas, demasiadas, vacilaríamos. En los detalles pequeños, en las minucias, es donde renunciamos a nosotras mismas y vamos pagando poco a poco ese elevadísimo “cualquier precio” que habíamos jurado no pagar.

En mi consulta o a través de los correos que recibo, me contáis cómo dais consejos estupendos a las amigas; unos consejos que en la vida particular de cada una luego no podéis aplicar. ¿Por qué?

El sano juicio, en cuestiones de amor, se tambalea. En asuntos del corazón, la razón tiene poco que decir. La locura de amor, cualquier locura, suele obedecer a razones que no controlamos conscientemente. Por eso es difícil entender por qué nos cuesta tanto decir ¡basta!

En las próximas semanas, os explicaré algunas de esas razones que nos acechan agazapadas desde el inconsciente, tales como la resistencia que mostramos ante cualquier cambio, la angustia de la separación y la idealización de la pareja.

Contenido relacionado


Virginia Vallejo: «Amé a Pablo Escobar, pero eso no me convierte en su cómplice»

Virginia Vallejo in 1987 by Hernan Diaz

¡Yo también me enganché a la serie Narcos! Como cualquier adicto que se precie, consumí uno tras otro los 30 capítulos de las tres temporadas. Sí, lo confieso. Confieso también que me entusiasmó el personaje de Valeria Vélez —Virginia Vallejo—, esa mujer hermosa, exitosa y culta que cayó rendida a los pies de un hombre muy rico, sí; muy poderoso, de acuerdo; inteligente, sin duda, pero primitivo, despiadado y nada atractivo…

Mientras que al resto de los personajes —en uno y otro bando— se los veía venir: planos, ambiciosos, violentos, ilimitados, todos perseguían un fin y nada era un obstáculo para alcanzarlo; ella, en cambio, brillaba en los matices, en las contradicciones, en el misterio. De todos, fue el único personaje al que busqué en Internet para conocerlo mejor y escuchar algunas de sus entrevistas. Descubrí que ¡había publicado un libro! y que ese libro había vendido miles y miles de ejemplares… Entonces me absorbían —además de la serie— otras lecturas y lo dejé pasar, pensando que sería entretenido para el verano. En esas estaba cuando recibí una llamada de la revista Mujer Hoy con las palabras mágicas:

¿Te gustaría entrevistar a Virginia Vallejo?

Y respondí con un refrán venezolano:

Muerto, ¿quieres misa?

¡Cuánta emoción! ¡Iba a entrevistar al paradigma de las mujeres malqueridas que describo en mis libros! Inmediatamente me puse a ello. El libro se lee solo y, en muchos sentidos, es más apasionante que la serie. En poco tiempo estaba lista para el primer trabajo periodístico de mi vida. Pero, ¿realmente estaba lista? Yo sabía que quería revelar sus contradicciones, pero también sabía que me enfrentaba a un peso pesado del periodismo y del manejo de los medios. Mis años de experiencia como psicoanalista ¿me servirían en este caso?, ¿o se trataba de una tarea del todo diferente que no sabría realizar? La experiencia fue fantástica. Me gustó conocerla y entrevistarla fue una gran aventura en un territorio para mí inexplorado.

El resultado sólo podéis evaluarlo los lectores, así que ahí os dejo la entrevista. ¡Ya me contaréis!

Entrevista a Virginia Vallejo: «Amé a Pablo Escobar, pero eso no me convierte en su cómplice»

Items de portfolio

Páginas

✖ No hay resultados

Lo sentimos, no hay entradas que coincidan con tu búsqueda.