Separarse o «Tenemos que hablar»

Mariela Michelena - Tenemos que hablarCuando ocurre una separación, uno quisiera poder pasar una línea divisoria y distribuir a los personajes del drama como en las viejas películas del Oeste: de un lado los buenos: allí colocamos a la víctima, al abandonado que pasivamente no tuvo más alternativa que tragarse la decisión del otro. Del otro lado ponemos a los malos: al insensible que tomó la decisión, al despiadado que pronunció las palabras asesinas que nadie quiere oír: «Ya no te quiero».

Me temo que la vida suele ser más compleja que las películas de vaqueros, así que no se trata de defender a unos y demonizar a los de enfrente. El amor es caprichoso y viene y se va sin avisar. Las relaciones son complicadas, y a veces no es fácil mantenerlas a flote, a pesar del amor. No digo yo que al que deja siempre haya que ponerle una medalla; se trata de comprender a los dos polos de este drama, y de reconocer que unos y otros desempeñan un papel diferente en el espanto que supone una ruptura. Una separación es siempre dolorosa, nadie se separa porque sí, casi nadie abandona sin sufrir su parte y, por supuesto, nadie es abandonado de gratis.

Dejar es muy difícil

Ya ni siquiera me atrae sexualmente. No siento nada. Lo tengo a mi lado y no siento nada. Es muy triste, pero no me atrevo a hablar con él. Me da pena. Me da pena y me da miedo lo que me espera.

La mayoría de las mujeres que viene a mi consulta después de haber leído Mujeres Malqueridas, lo hacen porque se han visto reflejadas en el libro. Suelen ser mujeres que llevan muchísimo tiempo sufriendo los embates de una relación adictiva, tóxica, que en vez de hacerlas crecer, las empequeñece. Muchas de ellas llegan desesperadas, buscan una respuesta a sus preguntas, una salida a su situación, o al menos eso es lo que conscientemente piden en una primera entrevista. En realidad vienen buscando un milagro, el milagro de la resurrección podríamos decir, el milagro de: “Y serán felices comiendo perdices”, que sueñan alcanzar con dos o tres consejos, con dos o tres indicaciones mágicas que las devuelvan a la situación inicial, al momento en el que todo era posible y la vida junto a sus parejas prometía ser extraordinaria.

Si alguien examinara objetivamente la situación de la mayoría de estas mujeres, llegaría a la conclusión de que lo más sensato que podrían hacer, lo único sano, sería dejar la relación y empezar una vida distinta. Poner tierra y tiempo de por medio, recuperarse a sí mismas y no volver a permitir jamás que alguien las trate de esa manera. Uno piensa que esas mujeres deberían sacar fuerzas de donde fuera para atreverse a dejar a sus parejas, pero eso que desde fuera pensamos con tanta claridad no es nada fácil de llevar a cabo.

Llegar a esa conclusión y ponerla en práctica es un camino duro de emprender, que además no se sabe muy bien adónde conduce. A menos que exista una tercera persona, se trata de un camino en el que cada uno se adentra en la oscuridad y sin cobertura: a ciegas. ¿Qué nos deparará el futuro? ¿Volveremos a vivir en pareja? ¿Nos quedaremos solos por siempre jamás? ¿Qué pasará con los niños? ¿Qué será de la familia? ¿Podremos sobrevivir económica y afectivamente sin el otro?

» Quiero decirte algo
que quizás no esperes.
Doloroso tal vez.»
-Nosotros

“Yo siento en el alma
tener que decirte
que mi amor se extingue
como una pavesa.”
– No me quieras tanto

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