Risas y sonrisas

Mariela Michelena - risas y sonrisas - psicoanálisisHablar de bebés es también hablar de risas y sonrisas. Y no sólo de la risa del niño, sino de la sonrisa que se nos escapa cuando los vemos.

Hasta un anuncio de televisión en el que aparezca un bebé le arranca una sonrisa al más formal.

Hablar de bebés es también hablar de risas y sonrisas. Y no solo de la risa del niño, sino de la sonrisa que se nos escapa cuando los vemos.

Hasta un anuncio de televisión en el que aparezca un bebé le arranca una sonrisa al más formal.
Muy al principio, la sonrisa de satisfacción del bebé es como un gesto íntimo de quien está muy bien consigo mismo. Poco a poco, esta se vuelve más intencionada y empieza a formar parte de un lenguaje que le sirve, primero, para comunicarse con mamá y decirle cosas como: «Gracias, mamá», «estoy de acuerdo», «lo haces muy bien», «estar contigo es divertido».
El bebé se pone feliz con nada, y pone a todos felices con su risa. Las mil cosas que hace una madre por su bebé a lo largo del día, sí, las hace pensando en su futuro. Sí, para que su niño crezca sano y sea un ciudadano de provecho; sí, pero el premio inmediato que recibe la madre es una risa. Una leve sonrisa de esa boca y mamá se da por bien pagada. Ella le habla, el bebé sonríe, ella también sonríe y sigue hablando. Entre los dos se va tejiendo un nuevo cordón; un cordón de miradas, risas y soniditos simples. ¡Están jugando! Este juego incipiente va a enlazar al bebé no solo con la madre sino con la vida. Otra de esas funciones que la madre realiza sin percatarse es la de avivar al bebé y despertar sus sentidos. Hay bebés retraídos a quienes es preciso ir a buscar con una mirada y una risa allí donde se esconden.
La madre ha de ser generosa con las risas de su hijo y no quedárselas todas para ella. Ha de incluir al padre, invitarlo a la fiesta.
No hay espectáculo más emocionante que la expresión de un padre la primera vez que su bebé lo reconoce y le sonríe: «¡Se ríe conmigo!», «¡sabe que soy su padre!» , «¡está contento de verme!». La risa del bebé le tiende un puente al papá, que suele estar más dispuesto a la juerga y a las cosquillas que a las nanas.
Por la puerta de su risa, también entran los otros a contemplarlo, a reírse con él, a provocar y a prolongar su risa.
El agua clara de la risa de un niño nos refresca y nos reconcilia con la vida.

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