Nada cambia de la noche a la mañana

Mariela Michelena - psicoanálisis - interrogantesLa libertad que tenemos para tomar decisiones es lo que nos diferencia de otras especies. Aunque sabemos que no podemos decidir respecto a muchas de las circunstancias en las que vivimos; lo que sí podemos es elegir qué hacer con todo lo que nos ha tocado en suerte: a eso es a lo que llamamos jugar bien nuestras cartas…

Disponer qué lugar ocupamos en nuestra propia vida es una tarea que no termina nunca y que requiere, para empezar, del duro reconocimiento de cuál es el papel que estamos desempeñando en esa situación particular que nos resulta tan incómoda. Reconocer que «soy una mujer malquerida» no es suficiente; para poder cambiarlo, esa afirmación debe venir acompañada de algunas preguntas. ¡Pero no vale cualquier pregunta!

 

jugar bien cartas

Es fácil dirigir el foco del interrogatorio sobre la otra persona y preguntarte: «¿Por qué me trata así? ¿Por qué me da tan poco, con lo mucho que yo le doy a él? ¿Por qué tiene ese carácter? ¿Por qué es tan frío? ¿Por qué dice que me quiere pero no se compromete conmigo? ¿Por qué es infiel? ¿Por qué me exige a mí cosas que él no me da? ¿Por qué es tan pasivo? ¿Por qué espera que todo lo haga yo? ¿Por qué no quiere tener hijos conmigo? ¿Por qué yo soy lo último en su lista de prioridades? ¿Por qué me insulta, con lo bien que yo le trato? ¿Por qué es tan encantador con los demás y tan malhumorado conmigo?». Todas estas preguntas están permitidas —¡claro, faltaría más!— el problema es que, como poco, son inútiles. A todas y cada una de esas preguntas podrías contestar con una misma frase: «Porque sí, porque puede, porque le da la gana», puesto que el resultado sería el mismo. Ninguna de las respuestas referidas a él te servirán a ti para explicarte por qué ocupas tú el lugar de una mujer malquerida ¡Y muchísimo menos para dejar de serlo! Saber por qué la otra persona hace las cosas que hace solo te servirá para entender las razones que lo llevan a él a hacer tal o cual cosa, o a comportarse de una cierta manera; ahora podrás justificarlo, y lo peor: ¡corres el riesgo de comprenderlo, perdonarlo continuar amarrada a él ejerciendo tu infinita generosidad!

Todos los cambios requieren un proceso y un tiempo, por eso, reconocer que «soy una mujer malquerida» no es suficiente para transformarte en otra persona, pero es un primer paso. Decidir salir de allí es el segundo. Conseguirlo, es eso que llamamos vivir.

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *