Los hijos

Mariela Michelena - hijos - psicoanalista MadridLlorando junto a la cuna 
me dan las claras del día 
Mi niño no tiene padre, 
qué pena de suerte mía. 
Y sin embargo te quiero

Si una separación siempre es difícil, cuando hay hijos implicados, todo se vuelve más complejo y mucho más delicado, y es que los hijos son las grandes víctimas de las separaciones de los padres.

¡Por supuesto que los padres sufren! ¡Por supuesto que cuando una pareja con hijos se separa es porque están convencidos de que no había otra alternativa! Pero, a fin de cuentas, el niño es una víctima pasiva de una decisión que han tomado los mayores.

El primer sentimiento de un niño ante una separación es el desconcierto y el segundo ¡la culpa! Muchos padres no entienden por qué sus hijos insisten en sentirse culpables, a pesar que se les ha explicado que ellos no son los responsables del divorcio y de que se les ha dejado claro que esto es un asunto exclusivamente de mayores, entre mamá y papá. ¿Por qué entonces se siguen sintiendo culpables? ¿Qué les lleva a pensar que la reconciliación depende de ellos?

Para explicarlo, es preciso reconocer, primero, que el niño suele sentirse ¡el ombligo del mundo! O, como mínimo, el ombligo del mundo de sus padres, de manera que todo lo que aquellos hagan —según esta fantasía niño-centrista— lo hacen con, por, o para él. Además, en todos los niños conviven el amor y el odio hacia ambos padres; el apego y la rabia, en fin, esa prestidigitación de los afectos que se llama ambivalencia.
Dependiendo de la edad, del sexo y, casi, casi, del momento del día, los niños pasan de adorar a la madre y rechazar al padre a todo lo contrario. Está la niña enamorada de papá que hoy no quiere saber nada de esa tonta que la obliga a cepillarse los dientes; o el pequeño que venera a su madre y compite con el padre por su amor; o el niño que quiere parecerse a su padre y que lo único que quiere es estar con él para jugar al fútbol y aprender de papá todo lo que papá sabe. O la niña que quiere ser como mamá y se pintarrajea con sus pinturas y se pone sus zapatos altos ¡para quitarle el marido en cuanto se descuide! En fin, que más de una vez por semana los niños piensan, sin saberlo, el «Te adoro» o el «Ojalá te mueras» respecto a alguno de los padres…, y viceversa. Más de una vez por semana, sin darse cuenta, quisieran tener para ellos en exclusiva y, sin compartirlo con nadie, alguno de los padres; y en esa foto, el otro padre está de más.

Saberlo de antemano, ayudará a los padres a tolerar alguna que otra rabieta inesperada y a disfrutar de los ataques de amor profundo según le toque. Lo importante es que ambos padres estén presentes en la crianza del niño, cada uno cumpliendo con su función.

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