Le presté dinero y nunca me lo devolvió

Mariela Michelena - psicoanálisis - interrogantesSe de muchos casos de mujeres que prestan dinero a manos llenas, mujeres que han hipotecado su casa o su piso para echarle una mano al hombre que tienen al lado. Es lo que tiene la igualdad, que tanto unos como otras trabajamos y aportamos dinero a casa.

Sé de muchos casos de mujeres que prestan dinero a manos llenas, mujeres que han hipotecado su casa o su piso para echarle una mano al hombre que tienen al lado. Es lo que tiene la igualdad, que tanto unos como otras trabajamos y aportamos dinero a casa. Eso no está ni bien ni mal, es lo normal cuando una pareja llega a un acuerdo de cómo manejar las finanzas entre ambos. El problema surge cuando el acuerdo no se cumple y el hombre no paga sus deudas, ¡porque no considera que está en deuda!

Simone de Beauvoir sostenía la teoría de que la dependencia emocional que las mujeres mostramos en nuestras relaciones de pareja no es más que una penosa consecuencia de la dependencia económica que nos obliga a supeditarnos al otro por pura necesidad de supervivencia. iMuy bien para el siglo XIX! No sé qué pensaría si levantara la cabeza en pleno siglo XXI y constatara cómo muchísimas mujeres ganan más que sus parejas, otras llevan sobre sus hombros la carga económica de la familia, y más de una, como nuestra lectora, ha prestado importantes sumas de dinero al hombre que las acompaña.

La lógica racional nos indica que el verbo «prestar» siempre tendría que ir acompañado del verbo «devolver», eso significa que, cuando se presta dinero, la persona está obligada a restituirlo, independientemente de cuál sea el género de quien lo presta y el género de quien lo recibe. Pero ya sabemos lo poco que nos gusta la lógica cuando hablamos de relaciones humanas. iY menos aun cuando hablamos de dinero! El dinero, itan objetivo!, con ese aspecto tan serio y tan tangible, tiene muchas caras.
No vale Io mismo el dinero que se da que el que se guarda, el que se recibe, el que se gana o el que se hereda, el que se esconde, el que se paga o el que se cobra, el que se atesora o el que se roba, el que se gasta o el que se presta.

Mientras que la Economía, así, con mayúsculas, se define como «la ciencia que estudia el comportamiento del hombre en la distribución de la riqueza y la escasez», la economía conductual se dedica a estudiar la insensatez de ese comportamiento; es decir, la arbitrariedad con la que gastamos, ahorramos, prestamos, cobramos o devolvemos el dinero. Es como si también la economía tuviera su propio inconsciente y se saltara las reglas de esa ciencia objetiva. Para un banco, cincuenta euros siempre son cincuenta euros; en cambio, desde el punto de vista de una persona, cincuenta euros no solo son cincuenta euros. No valen lo mismo si guardamos el billete en un libro para ir pagando una deuda, si los ganamos en la lotería, si el billete viene envuelto en papel de regalo de parte de una tía, si los hemos reunido en una hucha de dos euros en dos euros, si los ganamos con el sudor de nuestra frente o si son una devolución de Hacienda.

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