Entre la madre y el bebé, ¿quién da y quién recibe?

Mariela Michelena - Psicoanálsis - Madre bebéEn el vínculo padres-hijo está aparentemente claro quién cuida, quién provee, quién da y quién recibe. Como todos los vínculos, tiene dos polos: el de dar y el de recibir. Y en el resto de relaciones lo normal es intercambiarse los papeles.

Pero hay situaciones en las que esto no resulta tan evidente. A veces una madre, por alguna razón particular —por ejemplo, un duelo—, se coloca en el papel de ser quien tiene que recibir. Entonces el niño se ve obligado a ubicarse, prematuramente, en el papel de quien ha de cuidar y proteger. Y para ello realiza un curioso sobreesfuerzo: se cuida y se protege a sí mismo y, a la vez, hace lo mismo con su madre. Es un niño que no puede abandonarse a recibir porque mamá no se siente lo suficientemente fuerte como para dar; un niño que se busca la vida por sus propios medios; un niño fácil y autosuficiente, que hace gala de una madurez falsa y artificial, por la que pagará un precio.

En cierta ocasión tuve en tratamiento a una mujer de más de 50 años que tenía una gemela idéntica. Era curioso porque cada una de las hermanas desempeñaba a la perfección uno de esos dos papeles: Sandra siempre estaba dispuesta a ayudar, era independiente, autónoma, una profesional brillante, no necesitaba de nada y se la consideraba «la mayor»; en cambio, a Alicia la seguían llamando «la niña», como si tuviera 5 años, y la trataban como tal. Era la eterna dependiente, la torpe oficial, y no terminó la carrera que eligió estudiar.

Sandra es de ese tipo de personas que no parece necesitar nada de nadie. Dar, para ella, es una necesidad; si tiene cosas que dar, es fuerte, lo tiene todo. Su seguridad depende de saberse útil, imprescindible. Todos tenemos un amigo como Sandra, y estarán de acuerdo conmigo en que hay que hacer verdaderos esfuerzos para no abusar de ellos, porque siempre están dispuestos a ofrecernos su ayuda. Por otra parte, dar más de lo que nos piden es una forma sutil de pedir más de lo que nos dan.
Alicia, mientras tanto, se colocó muy cómodamente en el otro extremo. En tanto que eterna dependiente, siempre necesita que los demás le resuelvan sus problemas. Va por la vida esperando que los otros la acompañen, la traigan, le pongan, le quiten…; y solo llama para pedir favores.

¿Cuál de las dos fue mi paciente? ¿Quién necesitaría un salvavidas de mayor? ¿La asustada que nunca se separó de la orilla? ¿O la aguerrida que se podía comer el mundo sola?

Patricia, por su parte, a sus 5 años, tiene muy claro a cuál de los bandos ella NO está dispuesta a pertenecer. Un día escuchó el estribillo de la canción Corazón partido de Alejandro Sanz, ese que dice: « ¿Quién me va a entregar?… ¿Quién me va a pedir?… ¿Quién me tapará?… ¿Quién me va a curar? ¿Quién llenará? , etc.», se quedó pensando y sentenció muy firme: «¡Qué fresco! ¡Ese lo que quiere es que su novia se lo haga todo!»

En cualquier caso, lo importante es que no perdamos de vista que el único que tiene derecho “a que se lo hagan todo” es el bebé, y por muy necesitada que se encuentre la madre, tendrá que recurrir a otro adulto para que la consuele, y permitir y respetar que su hijo ocupe el lugar de hijo.

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