Psicoanálisis

consulta psicoanalisis¿Que hace un@ Psicoanalista?

Cuando un paciente viene por primera vez a mi consulta en Madrid, o a cualquier consulta de un psicólogo, generalmente llega con una teoría de qué es lo que le ocurre y por qué. De alguna manera, cada persona tiene una cierta conciencia de cuál es el aspecto de su historia, de su relación con su madre, con su padre o con sus hermanos que más le ha marcado. Alguna enfermedad, la depresión de la madre, un hermano perdido, una cierta sensación de rechazo o soledad, las peleas entre los padres, la presencia omnipotente de una abuela o algún secreto a voces que se mantiene blindado en la familia… ¡La lista es infinita!

A decir verdad, el psicoanalista no conoce de antemano ni lo que le ocurre ni lo que le conviene a su paciente, necesita escucharlo. Un psicoanalista le dice a su paciente: «Cuénteme. Háblame de lo que quiera, de lo primero que se le pase por la cabeza», porque en ese discurso espontáneo, encontrará las claves de su mundo interno. Un psicoanalista no pasa pruebas a sus pacientes, porque la verdad del paciente no es una verdad objetiva, ni se puede enmarcar en una tabla estadística universal. Asi lo hago yo en mi consulta en Madrid.

Quien consulta tampoco sabe del todo lo que le pasa, por eso es preciso que paciente y analista trabajen conjuntamente. El paciente necesita que alguien le escuche y le devuelva sus palabras convertidas en un relato plausible de lo que le sucede. Y al profesional no le sirve de mucho su teoría, si no cuenta con las palabras y con los silencios del paciente. Como ya he dicho, la reconstrucción de esa historia infantil no depende tanto de una información detallada de los hechos, sino que se va tejiendo con los sueños, los recuerdos, los lapsus, y con esas cosas absurdas que de pronto le vienen al paciente a la cabeza, sin saber ni cuándo, ni cómo, ni por qué.

El vínculo que el paciente establece con su terapeuta también es de la mayor importancia; primero, porque le permite al psicoanalista saber cómo funciona el paciente en el mundo, cómo se relaciona con los personajes más significativos de su vida, y, segundo, por el apoyo y compañía que su presencia le ofrece al paciente. Él sabe que no está solo en esa investigación. Cuando el paciente descubre o recuerda algo doloroso, le alivia saber que allí está el terapeuta para acompañarlo en lo más incomprensible de su historia, y que podrá volver a la siguiente sesión para entenderlo, para pensar sobre lo que ha pasado y, eventualmente, para perdonar y pasar página.

¿Qué justifica la labor de un psicoanalista? ¿Por qué ese camino no puede hacerse solo? Hay aspectos de la historia del paciente que, aun cuando él los ha vivido en carne propia, le resultan tan dolorosos que los ha reprimido; es decir, los ha escondido ¡incluso —y sobre todo— de sí mismo! La persona convive con su pasado como si ese pasado no existiera y, a la vez, lo repite como si no hubiera otra manera de vivir. Me explico, en vez de poder poner sobre la mesa la experiencia y pensar sobre ella, la actúa —como cuenta nuestra lectora— sin darse cuenta.

Esta tarea de sacar a la luz lo escondido es delicada y requiere su tiempo. Eso es lo que trabajo como psicoanalista aqui en Madrid. Hay verdades con las que es difícil convivir porque hacen daño. Así que se trata de un camino lento que no se puede transitar en línea recta y que hay que recorrer pasito a paso.

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