¿No separarse?

rabiaLas rupturas son siempre traumáticas y dolorosas, aunque sean elegidas, aunque sepamos que son inevitables. Las separaciones en una pareja casi nunca se producen con un corte limpio como el de un bisturí que aparta con nitidez un pedazo del otro. Las parejas están pegadas con chicle y cuando a duras penas consiguen despegarse por un lado, ya están rápidamente pegadas por otro y cuando están dispuestas a perder una hilacha de piel con tal de liberarse del yugo a ese otro lado, ya hay otra parte de su cuerpo, o de su fantasía, adherida al ex con el mismo vigor. Todas las despedidas toman su tiempo. Cuando una relación termina, lo cotidiano se transforma en algo ajeno. La rutina se queda hueca, porque todas las actividades que antes se compartían ahora quedan «lisiadas», incompletas, y es preciso inventarse una vida nueva. Por un tiempo, quien antes caminaba con dos piernas, sólo tiene disponible una pierna y un bastón; ese bastón son los recuerdos. ¡Es por eso que cuesta tanto olvidar!

 

Razones para no separarse

Cuando el amor se ha ido y el respeto hace mucho que desapareció,
cuando la convivencia es insostenible, o cuando el engaño y el maltrato son la moneda de cambio entre dos personas, no hay razones objetivas capaces de explicar por qué se prolonga una situación tan infeliz. En cuanto a las razones subjetivas es otra la historia. Algo muy importante debe ocurrirnos que nos impide separarnos de alguien que nos hace la vida imposible. Perdemos nuestro tiempo intentando resucitar una convivencia que hace mucho que está objetivamente muerta. Algo profundo nos lleva a perdonar y perdonar lo imperdonable con tal de mantener al otro a nuestro lado.

 

Si te vas me muero

El «Si te vas, me muero» nos trae a la mente de un golpe seco la única situación en la que un ser humano no puede sobrevivir si el otro se va: un bebé morirá, con toda seguridad, si su madre o un adulto que le cuide no están cerca de él, atendiéndolo. Un bebé necesita que alguien se ocupe de sus necesidades básicas, pero esas necesidades básicas no se limitan al alimento y al cuidado corporal, sino que incluyen hablarle,

acariciarle, abrazarle, jugar con él, que la madre le haga sentir su calor, el latido de su corazón, su respiración, su risa, su mirada, sus ritmos… En fin, todo aquello que constituye el contacto afectivo con un ser humano que lo cuida. Todo aquello que, con el tiempo y el desarrollo emocional del propio bebé, le permitirán primero sentirse —y luego saberse— parte del tejido sentimental de otro ser humano.
Lo cierto es que cuando nos enfrentamos a una separación afectiva, volvemos a tener 2 ó 3 meses, volvemos a sentirnos desvalidos y tememos perecer si nuestro amor se aleja…

¡Atención! Este sitio usa cookies y tecnologías similares.

Si no cambia la configuración de su navegador, usted acepta su uso.

Acepto