Racaídas

primer cafeLo tengo todo controlado

El mal amor es como el buen whisky: engaña. En cuanto el primer
trago calma el síndrome de abstinencia y dejan de temblar las manos, cesa la
sudoración y los escalofríos del mono abandonan el cuerpo, sobreviene la certeza inocente de que «esto» se puede dejar en cualquier momento. «Lo tengo controlado», «Un día de éstos, cualquier día de éstos, en cuanto me lo proponga, lo puedo dejar…».

 

No al primer café

«Soy adicta a mi Marcos y me siento incapaz de gobernarme a mí misma respecto a él». El siguiente paso es la abstinencia. Si los alcohólicos dicen: «No a la primera copa», las mujeres adictas a un mal amor tendrían que decir: «No al primer café». Ese primer café es el más peligroso. Siempre hay coartadas, excusas para tomar esa primera copa o asistir a ese primer café; son trampas, atajos, que en cualquier adicción, conducen directamente a la dependencia y al dolor.
Después de la abstinencia, como siempre, el reencuentro de cada cual consigo
mismo, ser tu propio dueño, será tu recompensa. El premio será tener las riendas de tu vida entre tus manos.

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