Tiempo

tiempoEl tiempo pesa o vuela, transcurre inexorablemente o se detiene; lo pone todo en su sitio, o todo lo cura. Al tiempo lo mismo lo matamos que lo aprovechamos, lo perdemos que lo ganamos.

 

Confiamos en él, dejamos nuestros asuntos en sus manos y, ya puestos, le damos tiempo… Lo cierto es que si no podemos contra él —¡y no podemos!—, lo mejor es unirse a sus filas, convertirlo en aliado y usarlo a nuestro favor. Sin embargo, el tiempo no arregla las cosas por sí solo; el tiempo necesita la
ayuda del trabajo del psiquismo en su ardua y silenciosa labor de asimilación del
duelo. Es como madurar; por supuesto que cumplir años ayuda, ¡pero no es suficiente!
Si todo quedara en las manos del tiempo, no existirían los duelos patológicos que
entorpecen la vida del doliente y que lo atascan en oscuros callejones sin salida durante años y años; ni existirían esos adolescentes de cuarenta y tantos años que no acaban de crecer y que no quieren ni oír hablar de un compromiso.

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