Grace & Frankie

Atravesamos una época en la que todo es nuevo y desechable. No hay referentes ni cauces que organicen la existencia.Aquello de que “no se aprende en cabeza ajena” es hoy más verdad que nunca, porque ninguna cabeza que nos preceda ha tenido que sobrevivir a las redes sociales, a la apertura de la sexualidad de ambos géneros en cualquier dirección, al nada está prohibido y todo vale.

Somos pioneros de algo que todavía no sabemos muy bien en qué consiste o a dónde nos va a conducir. Improvisamos la vida como podemos. Un día aprendemos a usar FB y al día siguiente estamos desfasados si no somos expertos en Twitter o Snapchat. Así las cosas, los referentes culturales, el ideal social o el espejo en el que nos miramos, ha pasado de la intimidad de la tradición oral a la literatura, de la literatura al cine, y hoy está en manos de las series de televisión. Aprendemos a desenvolvernos en la vida de hoy enganchados a una serie, sumidos en alguna pantalla. Sospechamos en qué consiste el día a día de nuestros adolescentes gracias a Por trece razones; sabemos cómo sobrevive una mujer de 40 que regresa al mundo laboral por Younger. A través de Modern Family descubrimos cómo se recompone y se adapta a las circunstancias una familia de hoy. Y si nos preguntáramos si hay cabida en este mundo para una mujer con más de 60 años, deberíamos recurrir a Grace & Frankie para encontrar respuestas.

La primera vez que escuché hablar de Grace & Frankie fue a través de una sobrina que está más cerca de los 20 que de los 30. Así que al principio no supe si debía ofenderme y tomármelo en plan “no sufras tía que hay vida después de los 60”; lo cierto es que me reí tanto desde el minuto uno y me enganché de tal manera a las peripecias de sus personajes, que el agravio se convirtió en halago y sólo pude agradecerle la recomendación. Y es que no hace falta tener la tarjeta dorada de Renfe para disfrutar de esta serie que está llena de sabiduría para la vida de cualquier mujer, a cualquier edad.

Para quienes no la conozcan, la serie, empieza con dos parejas que rondan los 70: ellos, -Robert y Sol- son amigos y comparten bufete de abogados. Ellas, -Grace y Frankie- encarnan modelos opuestos de mujer, que a duras penas se toleran. En el primer capítulo ellos anuncian que van a separarse de sus mujeres, porque están enamorados entre sí, y están deseando salir del armario y casarse. Ellas, destrozadas, perplejas, se ven obligadas a vivir juntas. Esta convivencia forzada dará pie a todo tipo de situaciones. La vida misma tratada con humor, con dignidad y con muchísimo cariño.

Sí. ¡Hay vida después de los 60!

Grace y Frankie tienen la edad que tienen, y a estas alturas de la vida los huesos crujen, las articulaciones se atascan, las vaginas están secas como corchos. Se escucha poco y mal, y se suele olvidar pronto y bien. Las lumbares atacan a traición –por la espalda- y las nuevas tecnologías son una asignatura pendiente.

Capítulo a capítulo nuestras heroínas tropiezan con los efectos colaterales de la edad. Las manos de Grace amanecen agarrotadas por la artritis después de una intensa jornada de autoexploración. La memoria a corto plazo de Frankie es nula y lo mismo olvida una cita –o dos, o tres- que un nombre o unas llaves; pero es en la cocina donde sus despistes se multiplican: en menos de dos minutos consigue derretir una sartén, verter las gafas en la licuadora, calentar una fuente en un horno apagado o quemar una cuchara de madera convirtiéndola en un peligro para la integridad familiar. El colmo de sus achaques las sorprenden una mañana, cuando Frankie cae al suelo presa de una lumbalgia y Grace intenta ayudarla a ponerse de pie. El resultado es que ambas terminan reptando en busca de un teléfono para pedir ayuda, sólo para descubrir que Frankie lo había intercambiado por error con un mando a distancia.

En medio de este panorama patético, irremediable; ninguna de las dos se considera demasiado mayor para empezar de nuevo, para ligar por Internet, disfrutar de su sexualidad, aprender a moverse en las redes sociales, o emprender un negocio de venta online de vibradores –Menage a moi- especialmente diseñados para cubrir las necesidades de mujeres de la tercera edad.

Las amigas nos alargan la vida

La relación imposible entre estas dos mujeres opuestas, es un homenaje a la amistad femenina, a esas relaciones que suelen ser intensas, profundas y significativas. Grace y Frankie se respetan, se apoyan, cada una anima a la otra en sus empeños y ambas tienen lecciones que dar y que aprender de la otra. Hablan abiertamente de su sexualidad, de sus relaciones, de sus miedos, de sus hijos. La mayor parte del tiempo están en desacuerdo, pero por sobre todas las diferencias son amigas, y esa certeza les permite superar cualquier escollo. A pesar de que la pareja oficial es la que forman los exmaridos; ellas protagonizan diálogos que son tremendamente amorosos y entrañables. Se odian, se critican, se quieren, pero por encima de todo ¡se ríen!, y esas risas les devuelven la confianza en sí mismas. Ya dicen los expertos que el encuentro lúdico con las amigas favorece en las mujeres la producción de oxitocina y nos alarga la vida. ¡Así que a reír, que son dos días!

Todas somos feministas

Además, Grace y Frankie encarnan lo mejor del feminismo inclusivo, el de la diferencia. Ese que defiende Chimamanda Ngozi Adichie en su alegato: Todos deberíamos ser feministas cuando se declara como “una feminista feliz, que no odia a los hombres y a quien le gusta llevar pintalabios y tacones altos para sí misma y no para los hombres.” El feminismo de las mujeres que no quieren ser como los hombres, sino que reclaman la igualdad de género, de derechos humanos y de oportunidades, y no sólo en la ficción sino en la vida real. Ambas actrices son ampliamente conocidas como activistas, y en 2015 protestaron públicamente cuando descubrieron que sus compañeros de reparto Sam Waterston y Martin Sheen, cobraban la misma cantidad que ellas, a pesar de no compartir protagonismo ni participar como ellas en la producción de la serie.

Otros personajes

Pero no son las únicas que nos conmueven. La serie siempre juega sus cartas de dos en dos. Tenemos a la entrañable pareja gay y las complicaciones de su recién estrenada vida en común. Vemos los flecos que quedan pendientes, para bien y para mal, entre Grace y Robert o entre Sol y Frankie. Las hijas de Grace y Robert (Brianna y Mallory) son mujeres en torno a los 40 que representan dos caras de una misma moneda. La una, ejecutiva que apuesta por la vida laboral y salta muy libre –pero muy sola- de cama en cama, encarna el ideal de aventura, autonomía y libertad. La otra, madre de familia numerosa, atrapada en un matrimonio convencional, es la imagen del anhelo de seguridad. Ambas hermanas se acompañan, se aconsejan y cada una envidia la vida de la otra… Otro tanto nos muestran Coyote y Nwabudike, los hijos adoptivos de Frankie y Sol. El primero ex adicto en rehabilitación y el segundo abogado de éxito, que hereda el bufete de su padre.

De los mismos productores de Friends, cada capítulo de las tres temporadas, nos deja con un buen sabor de boca. Con ganas de vivir ¡y con una imperiosa necesidad de llamar a una amiga!

En estos tiempos en los que cumplir años es un pecado y está prohibido envejecer, ellas se atreven a empezar una vida nueva, prácticamente desde cero. Sin esconder los achaques de los 70, emprenden un próspero negocio con la profesionalidad de los 40 y se enamoran una y otra vez con la misma ilusión y la misma pasión de los 20. Con su actitud vital nos dicen: “No somos invisibles, aquí estamos, dispuestas a dar la guerra hasta el final!” ¡Sin duda son un modelo a seguir!

En definitiva, me parece que ¡todas necesitamos a una Grace y a una Frankie en nuestras vidas! En las comidas de chicas de los viernes, en las copas del miércoles o en los desayunos de domingo.

GRACE: (Jane Fonda). Guapa, sofisticada y fría, muy fría. Especialista en medir y en cuidar los detalles. Apuesta por las camisas blancas con el cuello alzado y el traje impecable de chaqueta. Con tal de gustar y de adaptarse al hombre que la acompaña, es capaz de enfundarse en unos zapatos de tacones altos, muy altos, aunque le resulten incómodos -¡y no sólo en los pies!, también metafóricamente-. Se comporta como una ejecutiva brillante en todos los terrenos de la vida, en los negocios, con su exmarido, con sus amigas, con sus hijas. No le teme a casi nada, excepto a sentir y a dejarse llevar. Es implacable, exigente y perfeccionista con quienes la rodean, pero con nadie es más cruel que consigo misma. En la serie la vemos tan estupenda, que dan ganas de llevar tacones y de no volver a comer helados nunca más.

FRANKIE: (Lily Tomlin) Hippy trasnochada. Porrera, alternativa, ¡libre! Viste ropas holgadas de los 70, se adorna con collares, turbantes y pulseras de todos los tamaños. Ninguna ocasión merece que renuncie al confort de sus zapatos planos enormes. Es cariñosa, despistada y le tiene miedo a casi todo, menos a las protestas feministas y a los retos. Amiga solidaria, también en todos los terrenos de su vida, en los negocios, con su exmarido, con sus amigas y con sus hijos. Su mirada benevolente lo perdona y lo justifica todo, en especial las propias faltas. Se la ve tan cómoda en su piel que dan ganas de llevar zapatos planos y de comer helados.

Contenido relacionado

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *